miércoles, 16 de marzo de 2011

India del norte. Benarés

Al finalizar la visita de Khajuraho, nos dirigimos al destartalado aeropuerto cercano donde nos esperaba nuestro vuelo de Indian airlines con destino a Benarés.
Apenas 50 minutos nos separaba de la ciudad sagrada y ya nos encontrábamos en el autobús de camino a la ciudad. Algo inusual teniendo en cuenta la lentitud y parsimonia de las instituciones Indias.
Esta ciudad nos marcaria a todos a fuego por su crudeza, espitualidad e incertidumbre.
De camino a nuestra primera visita ya se intuía el ambiente de la ciudad. Cientos de personas comprando o descargando cientos de toneladas de leña, alfareros, puestos de flores y muchísimos peregrinos dirigiéndose hacia el rio Ganges.
Como toma de contacto llegamos al barrio musulmán, lleno de callejuelas estrechas, de mujeres con velo vestidas de negro y cientos de talleres clandestinos de seda. Absolutamente todo el barrio se dedicaba a la confección de este preciado tejido.
El sol caía. Entramos por las estrechas callejuelas. Solo se nos escuchaba a nosotros y de vez en cuando las máquinas de telar. De pronto el muyahidín llamó a la oración y dos señoras con velo, apenas se les veía el rostro, se cruzaron en nuestro camino. Esto no parece la India, es otro mundo.
Tras la calurosa bienvenida de un grupo numeroso de niños, entramos en uno de los talleres para ver y comprar algunas de los tejidos.




Tras una intensa negociación, salimos del taller en dirección a nuestro lujoso hotel.




Ciudad de muerte. Las Cremaciones
Nos duchamos y cenamos rápidamente ya que nuestro guía nos tenía preparada una visita nocturna a la ciudad. Jamás imaginaríamos lo que nos íbamos a encontrar.
La ciudad de Benarés (o también llamada Vanarasi), es la ciudad más sagrada del hinduismo. Es la Meca de los musulmanes, la Roma de los cristianos. Donde el río Ganges es su principal eslabón.
Para que entiendan como de sagrado es la ciudad, piensen que el hinduismo dice que al menos ahí que peregrinar 1 vez en la vida a Benarés y que si no se quiere uno volver a reencarnar deberá ser quemado y sus cenizas arrojadas al río Ganges.
Imagínense una ciudad donde miles de personas peregrinan para bendecirse o morir. Y a estos últimos era a los que íbamos a ver.
Cuando llega la noche la ciudad se transforma y una parte de ella se acordona, para dejar pasar los coches fúnebres en dirección al río. Es por ello que el tráfico de automóviles se corta hasta un punto donde nuestro autobús no podía pasar. Es por ello que se decidió coger un buen número de rickshaw a tracción humana para así llegar al punto más cercano. El paseo fue alucinante entre miles de personas y más rickshaw que iban de un lado a otro. De vez en cuando pasaba la policía o algún coche fúnebre. Nuestro conductor era un abuelo, no podía tener más de 60 años. Estaba delgado pero era tremenda mente fuerte y resistente y aguanto todo el recorrido.




Llegamos a un punto donde no podíamos pasar. Así es que bajamos del cacharro y nos adentramos en el infierno.
El centro de Benarés lo compone el río Ganges, sus escalinatas para acceder al río y miles de casas, palacios y hostales. Todo ruinoso, sucio y decadente. Si añadimos que de noche apenas ahí iluminación, que sus calles apenas cabe 2 personas, que está llena de vacas y que se ve gente muuuy rara en cualquier esquina. Bajar por esas calles uno detrás del otro era como bajar a los infiernos.




Cuanto más bajábamos, mas olía a leña quemada. Y entre los sustos de alguna vaca que nos salió al paso, fue un paseo sin muchos sobresaltos, pero tremendamente inquietante ante lo que nos encontrábamos.
De repente el guía local se paró en seco y dándose la vuelta nos dijo "Por favor, a partir de ahora guarden sus cámaras de fotos". Algo comprensible, por respeto al difunto y a sus familiares. (Por ello las siguientes 3 imágenes no son mías).
A los pocos metros ya comenzaba a divisarse las columnas de humo y el olor a leña quemada impregnaba el ambiente. Llegamos a una pequeña plaza, antesala del Ghat donde miles de troncos se apilaban en enormes montañas de leña, esperando ser quemadas. El guía con una linterna nos llevó hasta un antiguo palacete, abandonado. En su interior no había nada salgo algunos vagabundos y leprosos durmiendo entre harapos. Subimos los interminables 3 pisos hasta llegar a la azotea donde ante nuestro horror el hedor de la leña era ya insoportable. La imagen desde esa azotea se me quedara grabada para siempre.
DANTESCO. Es la palabra que mejor define esas escalinatas que iban hacia el borde del rio. Conté más de 15 piras ardiendo, cada una con un grupo de amigos y familiares que esperaban. Entre ellos, varias vacas esqueléticas y algunos perros rebuscando entre las brasas de otras piras.



Por muy fuerte que uno sea, no estamos preparados para ver algo así. En occidente la cremación se realiza en un horno donde en pocos minutos el cuerpo del difunto se convierte en ceniza. Aquí era distinto. Los queman con madera por tradición y el cuerpo tarda más o menos 2 horas mientras los familiares tienen que custodiarlo. El problema está cuando quien muere esta solo o no tiene el dinero para comprar la madera suficiente para ser quemado. Es entonces cuando se los llevan al crematorio eléctrico, justo al lado del Ghat, donde sus cenizas son igualmente arrojadas al rio.
Desencajados y con mal cuerpo, nuestro guía miguel nos ofreció bajar a las piras para dar las condolencias a los familiares y observar más de cerca. La mitad del grupo no accedió y solo unos pocos valientes bajamos al Ghat.
Recuerdo esos momentos con instantáneas, como los perros olisqueando las brasas, las caras de los Indios impasibles y serias. Nadie lloraba. De hecho en el velatorio no había ni una sola mujer.
Recuerdo el olor intenso a leña quemada, a suciedad y mierda de vaca.
Recuerdo también como bajamos hasta la misma orilla del rio donde estaban sacando un cadáver envuelto en una sábana. De repente llego otro difunto envuelto en un sari, que sus familiares recostaron en las escalinatas, mientras los encargados del Ghat limpiaban las brasas de la anterior pira, preparándola para el siguiente difunto.


Nos explicaron que no todo el mundo es quemado. Los únicos que no pueden serlo son los niños, los muertos por envenenamiento y los Santones. Estos tres grupos son arrojados al centro del rio y atados con piedras. Cuando llegan los monzones el lecho del rio se limpia solo y arrastra todos estos cadáveres rio abajo.
Tras esta intensísima visita, nos despedimos de la mejor forma posible e intentamos salir del Ghat entre avisos de la llegada de cadáveres y vacas errantes. Una fuerte experiencia pero necesaria para entender a la sociedad Hinduista.
Al llegar al hotel, el olor a podredumbre y leña quemada se hacía más patente. Inmediatamente metí la ropa en una bolsa de lavandería y me di una buena ducha.



Ciudad de la esperanza. Las Purificaciones
4 horas después de nuestro regreso de ver las cremaciones, el despertador sonó a las 5 de la madrugada. No había podido dormir. Nuestro guía Miguel nos había dado algunas galletas, ya que el desayuno no se servía hasta las 6:30.
Por increíble que parezca a esa hora la actividad en las calles era febril. Los Indios se levantan con el alba, y así comienza su día a día. Bajamos del autobús en el punto más cercano hacia nuestro destino. Al igual que la noche anterior, nos adentramos por un entramado de calles, vacas y suciedad. A lo lejos se escuchaba algún rezo y los monjes de los templos cercanos ya empezaban a recitar sus oraciones.
Miguel nos paró en seco. Ya nos había hablado de lo que íbamos a ver antes de llegar al río.
Veréis, como os he comentado, la gente va a morir a Benarés. Los que han sido muy desgraciados en la vida no quieren volver a ser lo en la otra según el rito Hindú. Es por ello que la ciudad está llena de mendigos, leprosos y gente desgraciada que intentará por todos los medios ser quemada a orillas del Ganges. Como el camino que teníamos que seguir lo hace mucha gente diariamente pues estas personas se ponen en la escalinatas a pedir.
Para que no se peleen entre ellos, la gente les suele dar 1 paisa, que es 1 céntimo de rupia. Al cambio no llega casi ni a 0,01 céntimo de euro. Cambiamos varias rupias y así uno a uno fuimos bajando, lanzándoles las monedas en los cazos metálicos de los leprosos. El ruido de las monedas al chocar aun me estremece. Otra imagen imborrable de la India


Llegamos al rio e inmediatamente subimos a los enormes botes de remos. El grupo se dividió en 2 y comenzamos nuestro paseo en barca.





Allí estábamos, surcando el rio más sagrado y contaminado del mundo. Mientras nuestros remeros se esforzaban por subir rio arriba. Es aquí donde uno comprende la importancia de la ciudad, que curiosamente toda ella esta orientada al oeste, de cara a la salida del sol y al este del río no hay nada.
Más de 5 kilómetros de escalinatas, llamadas Ghats, bajan hacia el Ganges para así facilitar la purificación de los penitentes que llegan o viven en la ciudad. Era muy temprano y aunque el agua estaba helada vimos muchos fieles bañarse o lanzar ofrendas.



También vimos Sadus, hombres santos, realizar ceremonias de fuego con ceniza y sacerdotes bendiciendo a peregrinos.


Observamos como los lavanderos limpiaban la ropa a mano en el rio sin ningún pudor.



Para terminar el recorrido pasamos por el Ghat de las cremaciones donde aun seguían piras ardiendo.



Llegamos a uno de los últimos Ghats de la ciudad donde nos despedimos del Ganges, de esta inquietante ciudad. Al final, esta experiencia enriquecedora al amanecer nos animó a todos.


Volví al hotel para darme una buena ducha. El día seria largo hasta llegar a Katmandú.
Este ha sido un viaje de sensaciones, descubrimientos y maravillas. La India se nos quedaría grabada para siempre en nuestros corazones.


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2 comentarios:

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    (info@polenstudio.com)

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